El juego permite el verdadero encuentro educativo.
El juego difunde la alegría

Cuando le propusimos pintar un mural, la mayoría de alumnos y alumnas eligieron el tema del juego. Sus fundamentaciones fueron variadas: "Me siento feliz", "A través del juego puedo aprender", "Conozco verdaderamente a mis compañeros", "los niños tenemos derecho a jugar", "En el patio soy feliz"...
Podemos afirmar que mediante el juego el niño desarrolla sus inteligenicias, su motricidad y desarrolla su yo personal y social. El juego tiene un gran poder socializante pues ayuda al niño a salir de sí mismo, a respetar las reglas que hacen posible una conviviencia pacífica, a compartir y a cuidar su entorno, a ser feliz.
Nadie puede dudar que la alegría es un rasgo de la espiritualidad salesiana. El mimsmo Don Bosco señaló como programa de vida a sus muchachos: "Alegría, estudio, piedad". En su experiencia de educador, captó que el juego además de ser una fuente de equilibrio desarrolla aspectos específicos de la formación integral del joven. Desde esta intuición hizo del patio un espacio de encuentro cercano y espontáneo, apto para las relaciones personales y de amistad; y por ello, un espacio significativo para el acompañamiento personal de los jóvenes".
Nuestos alumnos, en el día día, descubren que el juego sustenta una educación integral.

